sábado, 16 de febrero de 2013

Persona non grata

   Me parece haber visto tu cara antes por aquí. Decía algo así como "no te quiero, no te veo". Respondía igual y pasaron los días.
   En casa 3 se tapó el inodoro. Alicia se ahogó en la mugre de muchos. Pocos contuvieron sus risas. Pero eso no importa, me preocupa, en cambio, tu falta de atención. ¿Deberé acaso saltar como un loco, jugar con las serpentinas?
   Dime cualquier estupidez y sin duda obedeceré. Dime algo inteligente y lo echaré a perder.

—Carpeta de presentación.

   ¡Ajá! Te atrapé, criminal. A parar a prisión irás, sin goce de sueldo. No habrán pasteles, ni tampoco Alicias. Tu compañero de celda será la soledad, y la vanidad rondará en los pasillos vendados de metal. ¿Pero qué dices? Agitas tu boca altanera y pretendes que escuche sin saber. Tu falta de consideración me perturba. Ipso facto me iré sino te calmas.

—Son 3.75.

   Tu estupidez es ampliamente sorprendente. No sólo acusas a tu falta de inteligencia con la más simple de las serenidades, sino que para el colmo de los colmos, alardeas en ese odioso sistema alfanúmerico que se parece más a un engendro repugnante, que a un amigo cachetón. No me agradas, he de confesar al fin. Espero no te moleste mi opinión personal, no obstante, tu imbecibilidad es tal que asusta al más osado de los Titanes.

—El cambio. Gracias. Chau.

   La facilidad para cambiar de tema denota en tu espíritu sin gracia de juego. ¿Qué es eso de cambiar de tema, agradecer y finalmente despedirse sin decir ni mu ni ma? Deberías avergonzarte y lamentarte por tal aberrante fechoría conversacional. Me sorprende que hasta el día de hoy se me obligue a hablar con gente como tú. Señor mío, es una vergüenza para la raza humana.
   ¡Un poco más de sensatez no hace mal! Consejo de amigo y por lo visto, próximo enemigo.

—Vuelva pronto. Estaré aquí si necesita algo más.

   Por supuesto que estarás, pero no me verás en tu puta vida de gordas proporciones. Gusano analfabeto.

—Bueno, yo me voy a comer algo. El próximo que venga, lo atendés vos. ¿Puedo contar con vos?
—Por supuesto, papá.
—Recorda tratarlos con amabilidad y una sonrisa en el rostro.
—Confiá en mí.
—Bien. Me voy.






...






—Hola.
—Chau.

   Jajaja. Soy un genio.

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