Pasó un año ya. Un año desde que tu corazón decidió pararse violentamente sin el consentimiento de nadie. Y yo no estuve ahí, no, estuve el día anterior, cuando te vi en pie por última vez. Tenías la mirada nublada, perdida, estática, como meditando sosiegos del más allá. No lo supe entonces, ni un mínimo recelo que me hiciera lamentar el mañana, lamentar el irme fuera de tu vista por última vez. Te dije chau convencido absolutamente con la posibilidad de verte el día siguiente, pero un llamado en la tenue mañana me despertó sorprendido y meláncolico con las noticias: habías dado tu último suspiro un par de horas atrás. Con la impotencia del trueno salí a buscarte totalmente enceguecido por las lágrimas que no cesaban su agrio afluente. En silencio. Con recuerdos, eternos recuerdos que guardaré por siempre. Recuerdos que me atacaron indefenso por días y noches de insomnio. Pensando y quebrándome en los momentos en que la luz no era más. Ni siquiera sin vida pude agarrarte entre mis vencidos brazos. Nunca te gustó, ¿por qué habría de diferir ya ido al olvido terrenal? Tu cuerpo inerte yacía recubierto por una sábana sucia de colores rojos y anaranjados. Tu rostro escondido que no me atreví a mirar, y el calor que aún retenías en vano. Nunca más una suave mordida de oreja, una cansina confesión, una vejación a la punta de los colchones, cosquillas entre dientes, estornudos y espaldas que oscilaban enérgicamente desde el suelo.
Te amo Johnny, y no me faltan palabras para decirte que te extraño mucho y que desearía tanto que estuvieras todavía acá a mi lado, porque nunca hubo ni habrá nadie como vos y duele demasiado darse cuenta de éso. De que fuiste único e irrepetible, que estuviste a mi lado toda mi infancia y que siempre te la vi luchando con esas canas que poco hacían por contrariar tu graciosa lucidez, oh, hermosa lucidez.
¿Qué clase de cruel dios no guardaría un paraíso para alguien como vos? Sí sos vos, vos solo, quien vale más que mil hombres. Vos, que fuiste mi único amigo, y que sin pertenecer siquiera a mi especie hiciste más en mi corazón que nadie en el mundo. Y vengo a darme cuenta justo ahora, que no estás más. Ahora, que es tarde, que el tiempo ya pasó, así como vos también, pero esa marca que dejaste quedará inalterable en mi piel, en la piel de todo el que te conoció.
La pasé bien. Gracias por haber existido, gracias por seguir existiendo en mí. Gracias por haberme hecho tan feliz. Gracias por estas lágrimas; valen cada una de ellas, este salado mar de vida. De nuevo adiós, amigo mío.
las palabras mas hermosas que nadie le podría haber escrito a Johnny !
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